Seleccionar Página

Opinión · gijonweb.com · 13 de abril de 2026

Esta semana, la alcaldesa Carmen Moriyón cortó la cinta de la primera fase de ampliación del Parque Científico y Tecnológico de Gijón en La Pecuaria. Seis millones  con doscientos mil  euros invertidos en urbanizar suelo. Palabras solemnes sobre "asentar el liderazgo de la ciudad en las décadas que están por venir". Placa conmemorativa incluida con foto oficial y aplausos.

Y mientras tanto, en otro rincón del debate público, el profesor Xavier Ferràs, de ESADE, explicaba en un podcast lo que se viene, un mundo donde las empresas comprarán, procesarán y distribuirán sin humanos. Donde la productividad técnica será infinita pero la productividad real será cero, porque nadie tendrá renta para consumir. Donde la pregunta no es si la inteligencia artificial destruirá empleos, sino si habrá tiempo para preparar a las sociedades antes de que el sistema colapse.

Dos conversaciones que no se están hablando entre sí. Ese es el problema de Gijón.

 

La segunda reconversión que nadie nombra

Gijón ya vivió esto. En los años 80 y 90, cuando el acero y el carbón se hundieron, la ciudad tardó una generación entera en recomponerse. El coste social fue devastador y todavía visible. Aquella reconversión industrial llegó con cierto aviso, con años de negociación, con fondos europeos y con una resistencia obrera que al menos obligó a buscar alternativas.

La reconversión que viene con la IA no avisará de la misma manera. No habrá una fecha de cierre de altos hornos. Será una erosión silenciosa, sector a sector, perfil profesional a perfil profesional. El administrativo que ya no se necesita. El técnico de atención al cliente sustituido por un agente. El contable, el redactor, el diseñador junior, el operario de línea de montaje. Todo a la vez, en todos los sectores, sin que nadie convoque una mesa de negociación.

Gijón, con su estructura económica basada en servicios, comercio, hostelería y una industria que sobrevivió a duras penas la primera reconversión, es especialmente vulnerable a esta segunda oleada. Y lo es precisamente porque no es un territorio generador de tecnología, sino consumidor. Como bien señala Ferrás,  los territorios que consumen IA destruyen empleo. Los que la generan, lo crean.

¿En cuál de los dos está Gijón?

 

El parque tecnológico como metáfora

La ampliación del Parque Científico de Cabueñes es, en sí misma, una buena noticia. Más suelo productivo, menos presión residencial, una apuesta por el conocimiento. Nadie sensato puede estar en contra.

El problema no es el parque. El problema es confundir el contenedor con el contenido.

Urbanizar suelo tarda años. Atraer a la Universidad Europea —una institución privada cuya implantación depende aún de que el Principado dé el visto bueno— no es lo mismo que construir un ecosistema tecnológico capaz de generar, no solo consumir, inteligencia artificial. Y la alcaldesa lo sabe, porque ella misma ha condicionado todo a que "discurra como debe" y el Principado apruebe. Es decir, el gran hito del liderazgo de Gijón en las próximas décadas depende de una decisión que no está en manos del Ayuntamiento.

Esto es lo que llevamos viendo desde hace veinte años en Gijón en materia de innovación, anuncios ambiciosos, plazos que se estiran, dependencias externas que justifican los retrasos, y una foto de corte de cinta que sustituye a la estrategia.

 

La herencia del PSOE y la continuidad del problema

Sería injusto cargar toda la responsabilidad sobre el actual equipo de gobierno. El PSOE gobernó Gijón durante décadas y tampoco construyó ningún ecosistema tecnológico relevante. No hubo apuesta por la formación en ingeniería de alto nivel. No se ancló ninguna empresa de base tecnológica de envergadura. No se creó ningún fondo municipal de capital riesgo orientado a la innovación. Se gestionó la ciudad, se repartieron subvenciones, se inauguraron polideportivos. Pero no se preparó a Gijón para competir en la economía del conocimiento.

Foro ha vuelto a la Alcaldía con más voluntarismo que programa tecnológico real. El PP, socio de gobierno, brilla por su ausencia en este debate. El resultado es una coalición que gestiona bien el día a día pero que no tiene una visión estratégica para lo que viene.

Y lo que viene es la IA.

 

Lo que Gijón debería hacer, y no está haciendo

No se trata de pedir lo imposible. Se trata de exigir lo mínimo necesario para no llegar tarde otra vez.

Primero.  Un diagnóstico honesto del tejido empresarial gijonés frente a la IA. Cuántas empresas están adoptando herramientas de automatización. Cuántos empleos son estructuralmente vulnerables en los próximos cinco años. Cuántas pymes no tienen ni un solo empleado con formación en tecnología. Ese diagnóstico no existe, o si existe, no es público.

Segundo.  Una política municipal activa de formación tecnológica, no delegada al Principado ni a las universidades, sino propia, ágil y conectada con el mercado laboral real. Cursos cortos, certificaciones, reconversión de perfiles. No esperar a que el sistema educativo se adapte, porque tardará quince años y la IA no va a esperar.

Tercero.  Atraer empresas generadoras de tecnología, no solo consumidoras. El Parque Científico debería tener como objetivo explícito anclar en Gijón al menos una empresa de desarrollo de IA. Eso requiere incentivos fiscales, interlocución con el gobierno regional y nacional, y una red de contactos que hoy no parece existir.

Cuarto.  Hablar claro a los ciudadanos. Decirles que sus empleos van a cambiar. Que algunas profesiones desaparecerán. Que la formación continua no es una opción sino una obligación. Ningún político local está teniendo esa conversación porque es incómoda y no da votos a corto plazo. Pero alguien tiene que tenerla.

 

El coste de llegar tarde, de nuevo

Ferràs lo dice con claridad: “las transiciones suelen ser traumáticas. Aquello de que los viejos no acaban de morir y los nuevos no acaban de nacer”. Ese período intermedio puede ser devastador para una ciudad como Gijón, que todavía no ha cerrado del todo las heridas de la primera reconversión.

Hay una ventana de tiempo. No sabemos exactamente cuánto dura, pero es finita. Las ciudades que aprovechen esta década para posicionarse como generadoras de tecnología tendrán una base para afrontar el cambio. Las que se queden inaugurando urbanizaciones y esperando que otros decidan por ellas habrán perdido la oportunidad.

Gijón tiene talento, tiene universidad, tiene infraestructura portuaria e industrial, tiene una clase media formada y una tradición de cultura del trabajo que es un activo real. No es una ciudad sin recursos. Es una ciudad sin estrategia.

Eso, a diferencia de los ciclos económicos globales, sí depende de nosotros.

Artículo de opinión  ·  gijonweb.com  ·  Análisis independiente de la administración local  ·  Abril 2026