19 millones de euros y los mayores siguen sin poder entrar: el fracaso silencioso del deporte municipal en Gijón
El Patronato Deportivo Municipal maneja el mayor presupuesto de su historia, pero las personas mayores topan con plataformas digitales que no pueden usar, vestuarios que no se han reformado, y un pabellón nuevo que ya nace segregando a los ciudadanos con movilidad reducida. El problema no es el dinero. Es a dónde va ese dinero.
Hay una frase que el Ayuntamiento de Gijón repite en cada nota de prensa sobre deporte municipal: envejecimiento activo. Es el concepto paraguas bajo el que se presenta toda la política del Patronato Deportivo Municipal (PDM). El problema es que cuando se abandona el lenguaje institucional y se observa lo que ocurre en la práctica —quién puede inscribirse, quién puede entrar, quién puede usar las instalaciones en condiciones dignas—, la realidad desmiente al discurso con una contundencia que incomoda.
El PDM gestiona para 2026 el mayor presupuesto de su historia: 19,1 millones de euros, un 3,88 % más que el ejercicio anterior. Son recursos suficientes para transformar el servicio. No lo están haciendo. Y eso exige una explicación.
La digitalización como puerta cerrada
El PDM ha orientado su modelo de acceso hacia la gestión digital. Las inscripciones a cursos y actividades se canalizan cada vez más a través de plataformas online que requieren registro, identificación electrónica y pago telemático. El Ayuntamiento lo presenta como modernización. Lo es, para quien tiene las competencias digitales necesarias. Para quien no las tiene, es una barrera de entrada al servicio público.
La paradoja es flagrante: el colectivo al que más se invoca en el discurso institucional —la población mayor, destinataria principal de las políticas de envejecimiento activo— es precisamente el que menor alfabetización digital presenta. Cuando el sistema de inscripción requiere agilidad tecnológica para competir por plazas limitadas en tiempo real, las personas mayores parten en desventaja estructural frente a usuarios con mayor destreza digital.
«El colectivo más nombrado en el discurso es el que más barreras encuentra en la práctica. Eso no es un matiz: es una contradicción de fondo.»
Los canales alternativos —atención presencial y telefónica— existen formalmente, pero presentan limitaciones severas: horarios restringidos, saturación en periodos de inscripción masiva, y escasa capacidad resolutiva que frecuentemente remite al usuario de vuelta al canal digital. El resultado es que la atención presencial funciona como válvula de emergencia, no como vía de acceso equivalente.
El nuevo Abonado Gijón Deporte, presentado en diciembre de 2025 con acceso gratuito a piscinas y gimnasios municipales, es una medida positiva en términos de equidad económica. Pero su valor real dependerá de dos factores que la administración no ha respondido públicamente: si el proceso de obtención del abono es accesible para personas sin competencias digitales, y si la red de instalaciones tiene capacidad real para absorber el incremento de demanda sin degradar el servicio existente.
Un pabellón nuevo que ya nace sin accesibilidad
Si hay un dato que sintetiza la distancia entre discurso y práctica, es el caso del nuevo pabellón deportivo de La Calzada. En enero de 2026, el Ayuntamiento aprobó su adjudicación. Días después, el grupo municipal Podemos denunció que el proyecto prevé que las personas con movilidad reducida no puedan acceder a las gradas: se les reserva un espacio a ras de suelo identificado en la documentación como «zona de paso».
El nuevo pabellón de La Calzada, aprobado en enero de 2026, contempla según la denuncia del grupo municipal Podemos un espacio para personas con movilidad reducida identificado como «zona de paso», sin acceso a gradas. El Real Decreto 193/2023 y la Estrategia de Accesibilidad de Asturias 2025-2030 establecen la obligación de accesibilidad universal en instalaciones deportivas públicas.
Esto no ocurre en una instalación de los años ochenta pendiente de reforma. Ocurre en un proyecto de nueva construcción, redactado en 2025, que debería cumplir de forma nativa con el Real Decreto 193/2023 sobre accesibilidad en bienes y servicios públicos y con la Estrategia de Accesibilidad de Asturias 2025-2030. Si en instalaciones nuevas se cometen estos errores de diseño, la pregunta sobre el estado real de accesibilidad en el resto de la red —vestuarios, accesos, zonas húmedas— queda con una respuesta implícita que no es tranquilizadora.
El mantenimiento que nunca llega antes de la avería
El modelo de mantenimiento del PDM responde a una lógica reactiva: se actúa cuando la incidencia ya es visible, genera riesgo o acumula quejas. No existe una cultura institucional documentada de mantenimiento preventivo sistemático. El resultado es una percepción ciudadana muy extendida de que las instalaciones se mantienen en un «umbral mínimo aceptable», suficiente para evitar el cierre pero insuficiente para generar confianza.
Las inversiones anunciadas para 2026 —renovación de gimnasios, nueva cubierta en La Tejerona, sustitución de depuradoras, cambio de césped— son intervenciones sobre deterioro ya producido, no sobre prevención de deterioro futuro. Confirman el modelo, no lo cambian. Y en el caso específico de la población mayor, este modelo tiene consecuencias directas: la percepción de vestuarios descuidados, suelos resbaladizos sin tratamiento antideslizante o equipamiento antiguo actúa como factor disuasorio del uso. No es un problema estético. Es un problema de salud pública.
Dónde va el dinero que no llega a la experiencia del usuario
El PDM invierte. Eso es innegable. Durante 2025 y 2026 se han renovado máquinas cardiovasculares en múltiples centros, rehabilitado el gimnasio de El Llano, ampliado zonas de calistenia en Llano-Contrueces y sustituido sistemas de aire para mejorar la salubridad. Son actuaciones legítimas y necesarias.
El problema es la orientación del gasto: ¿qué proporción de esos 19,1 millones va destinada a especialización formativa del personal que trabaja con personas mayores? ¿Qué recursos se dedican a eliminar barreras administrativas digitales y reforzar la atención presencial? ¿Existe algún indicador de satisfacción del usuario senior que oriente las decisiones de inversión?
La respuesta pública a estas preguntas es el silencio. El Ayuntamiento comunica cifras de inversión en infraestructura. No comunica indicadores de accesibilidad efectiva, ni evaluaciones de impacto sobre los colectivos que declara prioritarios.
«Gijón presume de ser la única ciudad española con piscina climatizada en cada barrio. Esa cobertura infraestructural es real. Lo que no es real es que todo el mundo pueda usarla en igualdad de condiciones.»
La oferta de actividades es cuantitativamente amplia: 37 modalidades en Escuelas Deportivas, cursos con alta participación, programas para personas mayores. Lo que falta es profundidad pedagógica especializada. Los monitores que trabajan con población senior necesitan formación específica en gerontología del ejercicio: conocimiento de patologías prevalentes —artrosis, osteoporosis, cardiopatías—, capacidad de adaptar ejercicios a limitaciones individuales y sistemas de evaluación de progreso funcional. Sin esa especialización, los programas de envejecimiento activo se convierten en rutinas genéricas que no cumplen su función terapéutica y preventiva.
Lo que el Ayuntamiento debería hacer
El problema de los centros deportivos municipales de Gijón no es presupuestario. Con 19,1 millones de euros anuales hay margen más que suficiente para actuar. El problema es de prioridades: se invierte en lo visible —maquinaria nueva, cubiertas, césped— y se descuida lo estructural: accesibilidad real, formación especializada, mantenimiento preventivo y atención presencial digna.
Las medidas concretas no requieren grandes incrementos presupuestarios: ampliar horarios y capacidad resolutiva de la atención presencial; establecer protocolos de inscripción asistida para personas mayores; auditar las barreras arquitectónicas en toda la red de instalaciones y publicar un calendario vinculante de eliminación; exigir cumplimiento normativo estricto en el proyecto del pabellón de La Calzada antes de que avance la obra; y establecer indicadores públicos de satisfacción del usuario senior que rindan cuentas anualmente.
Gijón forma parte de la Red de Ciudades Amigables con las Personas Mayores de la OMS. Ese compromiso no puede quedar en membresía nominal. Requiere que la política deportiva municipal sea verificablemente accesible para el colectivo al que dice servir. Hasta que eso ocurra, el discurso del envejecimiento activo seguirá siendo, fundamentalmente, un ejercicio de comunicación institucional.